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Atentando contra el orgullo [Priv.]

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Atentando contra el orgullo [Priv.]

Mensaje por Invitado el Mar Abr 05, 2011 5:38 pm

-¿Kiku? -el espigado chico parpadeó, sorprendido de ver al ex-militar allí a aquella hora, cuando muchos casi volvían a sus casas después de la trasnochada. Le miró de arriba a abajo, reparando en la katana que traía, en la bolsa que colgaba de esta y en el enorme bulto de trasero tentador que traía el hombro, cuan saco de patatas. Soltó una risita, como imaginándose una situación que no era ni de lejos- ¿Y eso? ¿Ahora cazas a los chicos así? -alargó la mano y palmeó la retaguardia de la pantera.

-No es lo que piensas -ni el sabía que demonios estaba haciendo llevándose a aquel cabronazo malhumorado hasta allí- ¿Tienes libre la habitación?

-Cualquiera te dice que no, menudas ojeras me llevas -el chico, cuya edad ya se podría discernir entre los treinta, a pesar de su afeminada forma de hablar le palpó el rostro, haciendo un gesto de desaprobación con la mano antes de dejarle pasar.

Aquel club era uno de los que Koryusai mas frecuentaba, puesto que contaba con espectáculos extremos y actuaciones macabras de estilo gótico. Por las noches, aquello era un hervidero de gente desde que abría hasta que cerraba casi de amanecida. El dueño del local hacía vida justo encima, y había dispuesto una de las habitaciones mas grandes como “sala de emergencias” o, como se solía llamar, “camerino para los Streapers”. Había un sofá, una barra y una mesa baja. El color de las pareces era rojo, y tenía una decoración puramente sexual. Pero no estaba dispuesto a pagar un hotel para llevar al desamparado, y mucho menos hospedarlo en su casa. Dejándolo caer en el sofá negro, soltó un suspiro, dejando la bolsa de comida en la mesa baja y mirando con fijeza la espada. Cogiéndola por la empuñadura, desenvainó lo suficiente como para ver el brillo de la hoja.

-¿Te apetece una copa? -ofreció el dueño, con una fina manta en las manos que dispuso para comodidad del pet.

-Solo café -cerró los ojos y empuñó el arma. Tras un “okay”, el silencio se hizo en el cuarto. Kiku caminó hacia el sillón y dejó la katana sobre el pecho de la pantera, conociendo lo importante que suponía algo para un “guerrero”, por así llamarlo. Luego, ocupó la banqueta alta frente a la barra, donde descansaban unas esposas forradas con tela de leopardo.

¿Indirecta...?

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Re: Atentando contra el orgullo [Priv.]

Mensaje por Invitado el Miér Abr 20, 2011 11:46 am

Nada, su cuerpo se encontraba en un estado de catarsis completa, no sentía ni padecía era un autentico cadáver, pero a diferencia de estos, Hinomura aun respiraba. Ni siquiera sintió como lo tiraban contra el sofá negro ni el peso de su arma sobre su pecho.

El silencio en la habitación, sólo se escuchaba de fondo como los trabajadores del local recogían sus cosas y se marchaban, un leve murmullo de fondo… -¡¡COÑO LA PASMA!!- la pantera se incorporó como un poseso con los ojos abiertos como platos, las pupilas dilatadas, las manos cerradas en fuertes puños aferrándose al sofá y el corazón latiéndole a mil por hora. Sus ojos bicolores recorrieron con diligencia las estancias un par de veces hasta que su cerebro procesó la información.

Su respiración se fue calmando y su vista se fue enfocando poco a poco en la katana que se hallaba sobre los muslos -¡Kiba!- aférola y desenváinola casi por completo –Estas a salvo- suspiro tranquilo; sus facciones se aniñaron y se relajaron mientras envainaba de nuevo, pero esta faceta tan linda no duro ya que a su nariz llegó un olor penetrante, se la rascó con ímpetu mientras sus pupilas recorrían la habitación. Rojo… rojo putón ¡¿Qué era aquella habitación?! La mente de Hino se sobresaltó aunque llegó al culmen del acojone cuando vio a Kiku -¡OMAE!- lo señaló inquisitoriamente.

Su mente, en estado de alerta, se puso de pie, colocó la katana en su cinturón y se fue directo a la puerta del cuarto para abrirla y confirmar que aquel lugar no se encontraba repleto de policías, más lo que halló le desagradó aún más ya que al asomar su morro por la puerta uno de los trabajadores del local pasaba por allí – Hola guapo- le soltó con un tono altamente sensual mientras le picaba un ojo y seguía su camino por aquel pasillo. A la pantera se le pusieron los pelos como escarpias, se le desencajo la mandíbula en un gesto bastante grotesco que expresaba una completa repulsión. Volvió al cuarto.

-Oye omae ¿a do…don….doATCHUSSSSS !!- el estornudo espantó las palomas del alfeizar. Un magnifico moco se deslizaba desde la nariz a la barbilla -¡ah! Gomen!- se tapó con la mano y se dirigió al baño para allí sonarse. Mal hizo porque en aquel lugar se encontraban un par de jugueticos erótico-festivos de los cuales se usan en el ramo de la prostitución y demás.

El clímax de la perversión -¡¡DONDE COÑO ESTOY, SADOMASOQUISTA DE MIERDA!!- era una pregunta que soltaba a voz en grito desde la puerta del baño, mirando a Kiku, con su cola de pantera totalmente erizada, en vertical y al descubierto. –El lugar apesta a semen ¡me las piro!- dijo enfadado hasta que se percató de que su cola peluda y negra se descubrió, así que se la volvió a enrollar alrededor de la cintura con cierto rubor en la cara.

Mientras se encaminaba hacia la puerta recordó lo que había tras ella pero, a su vez, le llegaba a la nariz cierto olor familiar…. ¿bento? Se giró lentamente mirando las bolsas sobre de la mesa, en ese instante recordó las palabras de Kiku, así que decidió no morir de inanición este día. Gruñendo para sí, con la cabeza gacha y los brazos cruzados se plantó delante de Kiku –etto… Dame el bento. Te lo pagaré más tarde- él deseaba parecer más cordial pero no le salió.

Mantenía la mirada baja pero lo más notorio era como sacaba el labio superior hacia afuera y se chupaba el inferior, como un acto reflejo o un tic.

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Re: Atentando contra el orgullo [Priv.]

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 09, 2011 8:01 pm

Dolor de cabeza. Era lo que le estaban provocando los gritos y los prontos de aquel tío tan efusivo, que parecía no ser él si hablaba en un tono mas normal. Aunque Kiku ya lo había supuesto, aquel pet dejó a la vista sus atributos de forma tan evidente que casi le hizo soltar una risilla burlona al ver el aspecto ciertamente “adorable” que le confería aquella cola erizada y aquel rubor de después. Aunque fuera por la mañana y el Club no estuviese en activo habían muchos a los que aún les duraba la fiesta desde la noche anterior, y otros tantos que utilizaban la sala del Club como lugar de ensayos para los números de la noche siguiente. No podía contar cuantas personas habían en el local sin contarlos a ellos pero era obvio que si la pantera acababa por salir fuera se toparía con unos cuantos; a parte, claro, de las escenitas propias de los espectáculos. Dada su reacción por un simple piropo, no creía que le conviniese demasiado.

-Bienvenido al “Chemistry”, un local de entretenimiento para adultos al que presumo que no estás familiarizado -comentó con falsa voz de guía turístico. Sentado en la banqueta se cruzó de piernas, serio, escrutando los movimientos y palabras del otro sin pasar por alto como llevaba a rastras la katana a cualquier rincón al que fuera- Te agradecería que no levantaras la voz mas de lo necesario y que dejases de dar vueltas como un león enjaulado o me veré obligado a esposarte al sofá.

Necesitaba aquella taza de café lo antes posible para olvidarse por un momento del sueño que podía echarsele encima en cualquier momento. Estaba por aprovechar el plato de ducha del cuarto de baño de aquella sala para poder acicalarse al menos un poco, ya que su aspecto tras la juerga de anoche no era el mas solemne del mundo. Cuando volvió su mirada al moreno, lo vio plantado cuan niño pequeño pidiendo una galleta de chocolate, con aquel gesto con los labios que solo incitaba a mordérselos con saña. Cierto, en el parque peleaban por algo relacionado con la comida y darle la pata...

-¿Y como piensas pagármelo, si puede saberse? -apoyó el codo en el borde de la barra y el mentón en los nudillos de la mano alzada, cerrada en un puño. Su expresión seguía siendo tan seca como siempre- Hace un momento estabas suplicando por un pedazo de carne, así que supongo que solo podrías “devolverme el favor” con esa katana -miró el arma, dándole esa opción simplemente por molestarlo- o con trabajos físicos forzados. Por supuesto, también debes hacerte responsable de que casi me multe la policía por escándalo público debido a tus pésimos modales...

Los toques en la puerta interrumpieron su discurso moralista -aunque realmente él no fuera uno ni de lejos. Solo había que ver su actual “profesión”-, haciendo acto de presencia el treintañero afeminado que le había dejado la sala en un principio. Traía una gruesa taza de café roja y una botella de agua en una bandeja.

-Siento la interrupción, muchachos -guiñó un ojo, dejando las cosas en la barra-. Los chicos y yo estaremos en la sala de actos principal: esta noche toca un número con una serpiente que nos tiene a todos con el corazón en un puño~ -contoneó la cadera y se apoyó en el hombro de Kiku, mirando descaradamente a Hinomura- ¿Te gustaría participar, guapetón? -lo señaló- Ya que estás aquí sería un desperdicio no aprovechar ese cuerpo de época que escondes bajo esa ropa anticuada. ¿Tienes miedo de los reptiles? Porque podría contratarte por un negociable salario~

Se separó del ex-militar, que cerró los ojos mientras sorbía café al fin. El afeminado y dueño del club pasó la mano bajo el mentón de la pantera, como si valorase su perfil y su figura, imaginándolo ya bailoteando sobre su escenario.

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Re: Atentando contra el orgullo [Priv.]

Mensaje por Invitado el Sáb Mayo 21, 2011 2:41 am

-Naniii?- preguntó levantando con desdén una ceja. Como que no le entró en la mollera lo de darle a Kiba o pagarle con trabajos físicos – ¡Mira! Prefiero que me pongas a picar piedras a las 12 del mediodía antes de que ensucies con tus hediondas manos a Kiba- sentenció firmemente pero antes de echarse al cuello de Kiku para morderle la yugular, apareció aquel personaje random tan característico de bares como aquel.

Hino, por supuesto, lo miró sin evitar su cara de repulsión. Expresión que se agravó cuando aquel “ser” le tocó. -¡¡No me toques engendro del demonio!!- le apartó la mano de un tortazo - ¿Qué eres? ¿Tío o tía? Decídete ¿no?- homofóbico no… lo siguiente.

-Kiku-san, ¿Qué me has traído? ¿Qué es esto que pisa el suelo santo de mi local?- decía el jefe del local con dos octavas más en su voz, vamos, algo histérica con una mano en el pecho y un dedo inquisidor señalando a la pantera - ¿Qué quieres reconvertirlo para que batee para el otro lado. Este es un caso difícil- dijo dignamente mientras miraba con sorpresa a Kiku.

-Yo mejor me voy. Cuando quieras que te recompense por tu ofensa en el parque, búscame- le decía a Kiku como si fuese el protagonista de una película del oeste… bueno del este, ya que con las manos metidas dentro de las mangas del kimono y la kanata, un cowboy no parecía, no. La pantera caminaba en dirección a la ventana. La abre y pone un pie y ambas manos en el alfeizar.

-¡¡Pero a dónde vas!!- el dueño del local se echó las manos a la cabeza viendo como Hino se preparaba para saltar desde un segundo piso.

-¿Cómo que a donde? A mi casa- tranquilo

-y ¿tu sabes lo que es una puerta? ¡Baja de ahí cojona!- el dueño había perdido todo su glamour en menos de dos segundos.

-Sí, si lo sé. Pero lo que no sé si voy a salir de aquí ileso si salgo caminando tan tranquilo por esa puerta- y aquí se le vio asomar las orejas al gato. La pantera comenzó a sudar frío y a forzar una sonrisa, además de aparecerle un soberano tic en la ceja izquierda. Hinomura parece de esto que le tienen todos los heteros a los homos, que creen que todos los homos dan por culo a todo lo que tenga dos piernas. Acentuemos esto y agreguémosle que, a personajes como el dueño del club, no sabe cómo tratarlos. Los entiende, los comprende, no le importa que existan pero no sabe cómo tratarlos, si de hombre o si de mujer… en resumidas cuentas… les tiene un miedo que pa que.
Es como si les tuviese algo de fobia pero no a todos los homosexuales sino a aquellos que parecen ser mujeres, es algo que lo frustra y le hace entrar en un estado de tensión, como por el que estaba pasando en aquella ventana.

-Baja! Que si te partes las piernas voy a tener que dar muchas explicaciones a la gente del barrio y a mis clientes- el dueño agarró a la pantera por la cintura y jaló de él hasta que ambos terminaron en el suelo. Por supuesto que al caer al suelo la pantera soltó un soberano maullido y, qué decir tiene, que salió disparado con el rabo erizado, la cara colorada y sudoroso hasta poner el culo contra una pared.

El jefe se recolocó y con sus finos modales repuestos y en sus sitio pidió con cordialidad a la pantera ayuda con las serpientes que tenían abajo, porque todos sus empleados les tienen asco o miedo a las susodichas y necesitan a un “hombre” que las sepa manejar. Todo esto dicho con mucha palabrería y carisma. El jefe tocó esa vena de “macho” que tiene Hino tan subida y, el muy borrego, aceptó.

Ya estaban saliendo por la puerta - Omae ¿tú no vienes?- preguntando a Kiku pero no pudo esperar respuesta porque jalaban de él.

Pero lo que se encuentra en el piso de abajo no es otra cosa que… ¡ el infierno!... según la pantera. Muchos chicos, muy guapos, altos y atractivos en su mayoría pero con esos dejes femeninos a los que la pantera tanto teme. Les confundía mirarlos así que los obvió como pudo ya que ellos no dejaban de mirarlo, de lanzarle besos volados, piropos y demases. Hino se puso violeta pero manteniendo la compostura. -¿Dónde están las serpientes?- los chicos hacían un coro alrededor de una cesta de mimbre que se movía espasmódicamente.

Se encontraban todos alrededor del escenario. Un escenario escueto pero de el salía una pasarela, como una extensión del escenario, que llegaba hasta la mitad de la sala de espectáculos llena de mesas con las sillas encima. Todo el local se encontraba muy poco iluminado, sólo estaban encendidas algunas de las lámparas del techo que proyectaban una luz tenue y cálida, lo justo para verse las caras.

La pantera se fue hasta la cesta que estaba en el borde del escenario. – A ver qué les pasa a estas- como si hablase de unas lindas niñas abrió la cesta y se encontró con nueve hermosas serpientes de diferentes tonos de verdes y marrones, más dos albinas con unos suaves colores amarillos. –mmmm- ladeó la cabeza y meneaba la cola tras su espalda. Con lo concentrado que estaba no se percataba de que su negro atributo felino se encontraba al descubierto. –Simplemente están nerviosas.. uy, perdón…nerviosos.- se gira a la multitud que lo rodeaba –son machos- dijo con cara de palo. Los trabajadores del club comentaban entre risitas sobre la sexualidad de los reptiles.

El felino agarra una de estas y se la coloca al cuello, coge la cesta, sube al escenario y vierte los reptiles sobre este.

-AAAAAAAAAAAHHHHHHHH- Griterío gay general (GGG) entre los presentes – URUSAI- rugió - así uno no puede trabajar ¡cojona!- se sentó con las piernas cruzadas en medió de las serpientes –Sólo tienen frío. Como son reptiles y tienen la sangre fría necesitan calor o sol para sentirse mejor además.. ¡!- se erizó al sentir como uno de estos agradables reptiles se le colaba por el kimono para dentro reptándole por las piernas -¡Mierda! Que la única fuente de calor ahora mismo soy yo!- miraba atónito como las nueve serpientes se introducían sigilosamente por cualquier abertura de su ropa –Señores serpientes, onegai, deben salir de ahí aho ajjajajajaj…. Jajaajajajaja- no pudo acabar la reprimenda, las bichas rodeaban su cuerpo y le iban, poco a poco, desaliñando el kimono.

-¡Encended los focos! Jajajaja si se calienta el suelo del escenario puede que JAJAJAJAJJAJAJA a mi me dejen en paz- explotaba en risas de vez en cuando. – ¿A dónde va usted?- pregunto a un reptil a la vez que se abría la parte baja del kimono dejando al aire parte de sus vergüenzas para agarrar al bicho, pero fue un acto inútil que sólo sirvió para que su espontáneo público aplaudiese y silbase.

-Uy nop. Con lo bien que te queda la piel de serpiente – comentario con voz mordiente proveniente del jefe del local.

-¡Hazlo! O te juro que las dejo sueltas y cabreadas- volvió a rugir mientras se ponía de rodillas y se miraba en el interior de la ropa.

-¡Ay! está bien, está bien, que genio- dijo con su deje femenino y… se hizo la luz. Hinomura estuvo un tiempo medio ciego al ser la luz de los focos tan intensa pero volvió a las risas cuando las serpientes se recolocaron en él hasta que a una le dio por salir por el cuello ya desaliñado del kimono para quedarsele mirando.
-¿Qué pasa?- volvió la pantera a sus costumbres de hablar consigo mismo, con objetos inanimados o con animales, en este caso con lo último. -¿Qué quieres?- ambos se miraban como si intentasen comunicarse hasta que la serpiente sacó la lengua y rozó los labios de la pantera. –Señor serpiente, de-je-me- miró mal al reptil albino lo que este respondió con otro lengüetazo. - ¡Ya vale! ¡Deje de olerme!- (porque las serpientes detectan el olor por la lengua) la pantera empujó para dentro de la ropa al reptil. Este espectáculo tan raro era comentado por todos los presentes entre cuchicheos y alguna que otra risa.

-Dentro de poco las serpientes se calmaran y voso…tros estaréis más tranqui…los ¿no?- se rasca la cabeza con cara de circunstancia al no saber si tratarlos como chicos o como chicas.

Spoiler:
Perdón por contestar tan rápido.
Otra cosa, decirte un apunte sobre Hinomura que se me ocurrio y a lo mejor te puede servir para el post. La pantera siempre dice que es un samurai pero hace mucho tiempo que no tiene un dueño, quiero decir con esto que Hino es un ronin, pero no lo quiere decir en publico ya que es algo muy deprimente para el no tener un señor al que servir. ¿vale?

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Re: Atentando contra el orgullo [Priv.]

Mensaje por Invitado el Jue Jun 23, 2011 11:16 am

Kiku tampoco se había tomado la molestia de contestar. Simplemente había observado, internamente divertido, como arrastraban al gato fuera. Desde algún momento de aquella escena tan extraña que su “amigo” había protagonizado con él había quedado claro que era otro de esos pets que rondaban por la ciudad, y no pudo evitar preguntarse si era uno libre o alguno que hubiese escapado de sus dueños. Por la personalidad que se gastaba Hinomura no le extrañaba nada que lo hubiesen abandonado, tiempo atrás, en una cuneta...

El ex-militar se tomó su tiempo. Bebió de su taza de café y disfrutó del silencio los dos minutos que este duró. Abrió los ojos y miró de reojo a la puerta cuando escuchó aquel desaforado grito desde el escenario, reconociendo en él a la mayoría de voces de los Streapers y trabajadores de pista, así como encargados de animar muchas veces la noche con sus malabares extraños. Suspiró y se levantó con paciencia de la silla, dando un largo trago al café antes de salir, con cierta curiosidad ante lo que el otro estaba haciendo para revolucionar así a las masas.
Claro que cuando miró de reojo al escenario lo último que se esperaba ver era una escena sacada de película hentai; solo faltaba que aquellas serpientes se convirtiesen en tentáculos que acosasen al gato de una forma confusa y obscena. No era una mala imagen, y Kiku lo demostró torciendo los labios en una ladina sonrisa. Bendita fuera su imaginación.

-Kiku, ¿has visto eso? ¡Es taaan exótico! -el jefe hizo un amago, levantando una pierna y enroscándose con los brazos en el brazo del japonés, que extrañamente estaba ya acostumbrado a aquel contacto- No sabía que te habías comprado un pet, ¿vas a utilizarlo para tus sesiones? Sería muy interesante; muchos de los clientes tienen ese tipo fantasías -el jefe miraba de arriba a abajo a Hinomura, no perdiéndose detalle de cualquier trozo de piel que quedaba al descubierto o cualquier sonido o gemido de sorpresa que soltaba cuando las serpientes reptaban por su cuerpo a placer; deseando por un momento ser una de ellas. Por otro lado, Kiku también se había unido al escrutinio, mientras los demás aplaudían y le decían, entre risas y bromas que terminase de quitarse la ropa.

-No es mío -dijo entonces el seco militar-. Solo es un gato callejero -se apartó del jefe y enfiló hacia las escaleras, subiendo, haciendo resonar en el escenario sus pasos hasta quedar a un lado de Hinomura, al cual le cogió la cola y tiró de ella, como si quisiera asegurarse de que era de verdad-. ¿De dónde te has escapado? -le soltó y dio una vuelta a su alrededor, observándole. Tenía un cuerpo firme, como ya había podido comprobar en el parque, y unas facciones muy dignas de un samurai de la época- ¿Eras la mascota de algún ricachón que vio mejor prescindir de tus servicios? -Kiku estaba interesado en la vida pasado de un “samurai”, ya que era el tipo de hombre que podía encajar perfectamente en aquella generación. Por otro lado había quedado prendado de su espada; algo que no se había molestado en disimular- No me lo digas -se quedó frente a él, cuando la serpiente que antes había estado casi besuqueándolo emergió de su pecho, desaliñando mas su ropa y dejando cada vez mas al descubierto su pálida piel. Antes de que el reptil pensase en posar su grasienta y larga base sobre él levantó rápidamente la mano y la sujetó algo mas atrás de la cabeza-: No tienes un dueño. Basta con mirarte, demasiado orgullo para servir a nadie.

Sabía que Hinomura le tenía entre ceja y ceja por lo acontecido en el parque. Tampoco le importaba mucho. Acortando la distancia con un solo paso, guió la serpiente hasta su rostro, dejando que esta cogiera camino por su cuello y le bajase por la espalda. Una música erótica y claramente incitadora había comenzado a sonar desde los altavoces de arriba, y el improvisado público comenzó a subir al escenario.

-Kiku, ya que estás aquí ayúdanos con esto. El Streaper que hará de dominante no vendrá hasta esta noche -guiñó un ojo el rosado jefe-. Por supuesto tu también, Neko-chan~

Kiku miró de reojo hacia atrás, pero inmediatamente volvió a los ojos del mas joven. Atrayentes, dignos, pero con algún tipo de inocencia detrás. Por un momento tuvo la necesidad de descubrir que era lo que escondía tras aquella fachada de mente cerrada y palabras dichas a voz de grito. Luego se dio la vuelta, aflojándose aún mas la camisa antes de peinarse el tupido flequillo hacia atrás, confiriéndole un aspecto mas relajado y significativamente sensual aunque este volviese a semicubrir su frente casi al momento después.

-El espectáculo comenzará con la aparición de uno de los bailarines apoyado en la barra -señaló el largo cilindro de metal en la parte delantera del escenario-, con una de las serpientes al cuello. Ya lo hemos ensayado: quiero que le pongas sensualidad, erotismo -hacia amagos exagerados con las manos-. Deslizate por la barra como si fuera el amante mas ardiente del mundo~ -los bailarines en cuestión rieron-. Después entrará el dominante, que se quedará al fondo esperando ejercer una fuerte atracción magnética sobre el bailarín, que inmediatamente irá a bailar en torno a él. Neko-chan -sonrisa de telecupón-, ¿te importaría abrirte el kimono y tumbarte en medio del escenario? Kiku... -este le miró, teniendo sujeto por la cintura al bailarín en cuestión que trataría, supuestamente, a la barra como un amante- La cosa va de erotismo exótico, mediterráneo. El dominante tiene que “amansar a las bestias”

Aquella situación acabaría de muchas maneras. Y lo peor era ver que Kiku parecía muy prestado a participar completamente en el ensayo.

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Re: Atentando contra el orgullo [Priv.]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 05, 2011 7:04 am

Como era costumbre cada vez que Kiku hablaba a Hinomura se le crispaban los pelos del cuello y apretaba enfurecido la mandíbula. No lo soportaba y menos cuando se comportaba como un militar pasando revista, como estaba haciendo con la pantera, paseando a su alrededor, escrutándolo. -¿Quién se cree este?- se dijo en su fuero interno queriéndolo maldecir en voz alta, pero se aguanto. Algo en su interior le decía que no podía gritarle a alguien que le salvo de ser devuelto a la pet shop.
Pero en ese local hubo algo que le crispo la moral aún más que el mismo Kiku… que le pongan un apodo. Sobretodo uno tan ñoño como lo era Neko-chan.

La pantera se levanto fajándose el kimono con una vena bien visible en la frente. Te juro que intentaba no desenvainar su arma y comenzar a cortar cabezas, lo que si hizo fue sacarse las serpientes de encima, aunque en cuanto se levantó del suelo la mayoría de ellas cayeron. Excepto la que metió Kiku por su espalda, la cual volvió a subir hasta salir por la parte de atrás del cuello del kimono.

-¿Que si me importa? ¡Claro que me importa! ¡No me va a importar! ¿Quién te crees que soy?-


-Por lo que me han dicho…- miró de soslayo a Kiku -un gato callejero- sonrió socarronamente.

A la pantera le brilló su ojo de color verde como si de Jade fuera cuando desvió su visión hacia el master. Frunció tanto las cejas que se volvieron una. –Puede que no tenga señor, pero no soy un cualquiera- seguía sin admitir que es un rônin. Con las mismas se encaminó hacia las escaleras del escenario pero se lo impidieron un par de “señoritas” que le sacaban dos cabezas a Hino.

-Quédate Neko ¡AH!- emitió un femenino grito cuando se vio la punta de la katana a dos centímetros de su nariz.

-Te juro que si me vuelves a llamar así te cortaré las pelotas-
se le notaba la mandíbula apretada y su ojo verde destacaba como una gema. – Mi nombre es Hinomura. No te olvides- envainó con destreza y con algo de sensualidad la katana al deslizarla lentamente la hoja dentro de la vaina.

-Tranquilo Hino-kun, sólo te tienes que tumbar ahí, en el suelo. Porfiiii, porfiiiii- Hinomura se había dado la vuelta para salir por la parte delantera del escenario mientras el rosa jefe lo seguía con las manos juntas en acción de rezo. Pero la pantera no se paro, sólo se metió las manos dentro de las mangas del kimono y se plantó en el filo del escenario. Esta vez era la serpiente que salía del kimono la que miraba mal al jefe, el cual se apartó de la pantera al ver al reptil.

La multitud abucheaba a Hino por no quedarse mientras el jefe esperaba respuesta. –Hebi-dono, debe quedarse aquí- la serpiente se deslizó hasta mirar a la pantera de frente y volvió a “besarlo” – Si, lo se, pero ellos te compraron y tus compañeros siguen aquí- se refería al resto de serpientes. La albina serpiente reptó por el cuello de Hino hasta rodearlo, incluso se veía la forma del reptil a través de la tela del kimono. El reptil apretó su agarre al cuello de Hino.

-Hebi-do…dono… ya… ya vale…me ahoga-
le daba palmadas al reptil y este soltó su amoroso abrazo. –Arf, arf- la pantera recobró aire mientras se sobaba el cuello.

- ¡Ves! Hasta la bicha esa dice que te quedes- el jefe sonreía amigablemente pero esta vez fueron la pantera y la serpiente quienes lo miraron mal. – ¡Esta bien! Moooo- hizo un puchero poniéndose las manos en la cintura –Mira te pago por las molestias y te invito a cenar, si actúas esta noche aquí.- se acercó a él – Es que eres el tipo de muchacho que ando buscando para este número. Con tu colita pomposa, tu sensualidad oculta y tu exotismo- se pegaba a su cara a la vez que Hino daba un paso atrás para alejarse.

-¿Qué buscas exotismo? ¡Que estamos en Japón! ¡Yo soy más de aquí que el arroz! Si buscas algo exótico contrata a un español, uno de esos enormes morenos con los ojos verdes que se llame Antonio- ¿que visión tiene él de los españoles?

-Tú tienes tu propio exotismo de pantera y de hombre de la edad feudal-

-¿Me estas llamando anticuado?-
le miró fiero con la serpiente a modo de bufanda.

- Moooo, ¡no es eso!- meneó la cadera – Sólo eres poco habitual. Venga ¿que me dices a lo de la cena?- tocó la fibra sensible de la pantera la cual se sobresaltó un poco al escuchar cualquier tema relacionado con la comida. Hino desvió la mirada y observó como todos aquellos hombres de la noche lo miraban lanzándole estrellitas para que aceptase.

-¡ESTA BIEN! ¡ACEPTO!- se enfurruño cruzando los brazos sobre el pecho poniendo una mueca rara en la cual se mordía el labio inferior, arrugaba la barbilla y el entrecejo se fusionaba con los ojos. El resto de los presente aplaudieron.

-Bien pues ahora ábrete el kimono y túmbate-

-¡Esta bien, esta bien! Pero traedme un sándwich… tengo hambre-
se le habían bajado los humos, ahora se mordía el labio inferior con asiduidad como si estuviese frustrado por haber dejado su honor de lado sólo por algo de comida, comida que le proporcionará algo de fuerza ya que la necesitaba.

Se aflojaba el obi y la parte superior del kimono dejando sus amplios hombros y parte de sus brazos al descubierto, mientras le preparaban el sándwich. –Hebi-dono debe ir con los demás- se acuclilló dejando a la serpiente rondar por su cuerpo hasta que esta llegó al suelo a través de su brazo. Mientras el reptil se iba con el resto los trabajadores se apartaba para dejarla pasar con algún que otro gritito. La pantera se tumbo. Como le molestaba el pelo atado se lo soltó dejando que aquella cascada de pelo liso y azabache se expandiese por el suelo enmarcando su blanca piel con un marco negro.

-¿Y ahora que? ¿Me echo una siesta?- flexionó una pierna dejando al aire toda aquella blanca y fibrosa piel. Paseó sus ojos por el lugar y fue cuando se percató de toda la gente que allí se encontraba. Esto provocó que su cara se pusiese de color rosa. -¡Y tu! Señor cara-pasa. No hagas nada indebido, ¡que te conozco!- se sentó y lo señaló. Se quitó la katana del obi pero no la soltaba, era parte de su mano. Se volvió a tumbar mirando al techo con la barbilla arrugada y con un tic nervioso en la pierna que llevaba al descubierto.

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Re: Atentando contra el orgullo [Priv.]

Mensaje por Invitado el Mar Ago 16, 2011 6:06 am

Nunca había asistido a algo tan largo como lo que se llevaba a cabo frente a sus ojos. Y nunca había visto a nadie caer ante la promesa de una comida; sin contar a algunos prisioneros de guerra. Kiku había permanecido impasible, de brazos cruzados, en su lado del escenario mientras veía y escuchaba todo lo que la pantera tuviera que objetar, con las consecuentes palabras del jefe. Aquel hombre, a pesar de su dudoso aspecto, tenía una personalidad oculta bastante dominante y segura de si misma. Era un temerario al que le gustaba experimentar y un perfeccionista que exigía las cosas bien hechas. Aquella fachada de indefinido y meloso era la que preocupaba mas una vez se le conocía.

Cuando Hinomura pareció subirse al carro con la mísera paga de un almuerzo y un sandwich, el ex-militar suspiró, se descruzó de brazos y dio un par de pasos al frente. Miró tanto la espada -objeto interesante de coleccionista vieras por donde la vieses- como el cuerpo semidestapado del pet -objeto no tan interesante para colgar en su estantería, pero si para atar a la pata de su cama, junto a Yao-. Era interesante ver como se contraían algunos músculos, como la ropa vibraba con el movimiento nervioso de su pierna y como su ceño parecía querer fundirse en una sola ceja.

-¿Que “me conoces”? -repitió, con su sombra cernida sobre él al acercarse, levantando la pierna y plantando el caro mocasín en su rodilla. Antes de que pudiese fruncir los labios y que la mirada llenase los sentidos de la arisca pantera había empujado aquella pierna descubierta hasta pegarla en la otra parte del escenario, inclinándose para sujetar el muslo contrario y poder hincar una rodilla entre sus piernas.
Se escuchó un jadeo al mismo tiempo que el eco del golpe cuando cayó hacia delante, plantando la mano junto a su cabeza, sintiendo bajo sus dedos la gran mata de pelo largo y liso que se esparcía como petróleo bajo él.

-No me hagas reír -murmuró. Había quedado técnicamente sobre él, teniendo la certeza de que no podría cerrar las piernas a causa de la palanca que ejercían las suyas propias y con la seguridad de estar reteniendo en el suelo el brazo con el que sujetaba la katana. De fondo se oyó un gritito general y emocionado, y solo faltaba que se pusieran en derredor a sacar fotos-. Pase lo que pase aquí hoy no tendrás muchas posibilidades de reclamar a nadie. Los gatos callejeros se atienen a lo que el destino les tenga preparado; ya sea morir lamentablemente bajo un camión o ser recogido de la calle por alguien al que no han elegido. Es irónico, ¿no crees? -deslizó la mano desde la muñeca hasta recorrer el brazo que Hinomura tenía en el suelo, sujetando su fiel arma. Recorrió la tela de su kimono con los dedos y acabó palpando la piel de su hombro y su cuello. De un gesto apartó un finísimo mechón de cabello que había quedado atrapado en la comisura de sus labios.

Era preocupante como podía hacer todo aquello sin cambiar expresión.

-”Amansar a las bestias” -repitió el tema de aquel espectáculo, percatándose de la suave música que había empezado a sonar desde hacía un rato. El jefe tenía muchas esperanzas si pensaba que iba a bailar o algo parecido-. Puede que si debas trabajar aquí después de todo -contra todo pronóstico, esbozó una sonrisa de medio lado, inclinándose aún mas hacia delante. La mano que no apoyaba su peso apartó aún mas la solapa del kimono, bajando sugerentemente por el pecho. Kiku no pudo negar la suavidad de su tacto-. Quisiera ver como se las apaña alguien como tu mientras le adiestran.

Su nariz rozó su mejilla, y tras lo que pareció un fogonazo de luz se escuchó una palmada y la voz del jefe, mas fina de lo normal.

-¡Estupendo, estupendo! -llevaba una cámara colgada de la muñeca- ¡Ya tenemos cartel promocional: “Amor exótico”. No tiene gancho, quizás “Pasión exótica” -se emocionaba solo, mientras Kiku alzaba la vista, volvía a su temple seco e indescifrable y le miraba-. Querido, no me mires así. Era verdad que estábamos ensayando, pero te has metido tanto en el papel con esa voz susurrante y esa ropa sensualmente desarreglada que era inevitable. Neko-chan, me planteo hacerte contrato, así que vete pensando en darme todo lo que tienes~ -le lanzó un beso. Los demás silbaron.

Kiku soltó un suspiro imperceptible -al menos para las locas del escenario-. Gracias a sus sensuales ropas desarregladas podían verse algunas marcas coronar sus clavículas o la parte izquierda de su pecho. Mordiscos y a saber que mas cosas producto de una noche no planeada y con un giro de los acontecimientos que le habían impedido dormir. Tiempo atrás hubiese aguantado; las largas vigilancias en los campamentos o las noches en vela a la intemperie junto a las tropas no habían sido pocas. Pero ya tenía treinta y cinco años y una rutina donde dormir al menos ocho horas al día era indispensable. Con gusto y sin pena se desplomaría sobre la pantera y se echaría una cabezada.

-¡Siguiente escena! -el jefe hizo un gesto con los brazos, y dos de los bailarines corretearon por el escenario hasta Kiku- Los esclavos del activo intentan que su amo no se encapriche con el pasivo principal -Hinomura, si no se daba por aludido, era un milagro-. Le levantan por los brazos -los dos muchachos arrastraron al mayor, dejándolo de rodillas entre las piernas del pet- y en un forcejeo acaban arrancándole la camisa. ¡Ah! Dejadle la corbata puesta, es taaan sexy~

Tras un forcejeo y un manoseo necesario para dar énfasis a la rebeldía de los esclavos, Tetsuyuki se vio sin camisa. Agradeció las parpadeantes luces y la semioscuridad del escenario para no tener que oír las exclamaciones ante tanta marca de dientes en el cuerpo.

-La ira del activo es inminente -el jefe ya narraba, mientras Kiku hacía gestos de taparse el rostro, se encorvaba hacia delante y luego miraba hacia arriba-. El pasivo se levanta, ¡le rodea con los brazos, le toca! -eufórico- Intenta aplacar su furia. Los esclavos aparecen, ¡hay serpientes, suenan truenos! Una lluvia amenaza con caer -los aspersores hicieron su trabajo desde arriba- Entre cuerpos desnudos, mojados y excitados, el pasivo atrapa entre sus garras el rostro y el pelo del activo, con saña, rompiendo el contacto visual de este con el cielo para hundirle los dientes en el cuello -señaló, fantaseando-. Forcejean, ¡entre gruñidos y jadeos! E ignorando el nido de serpientes y humanos que le rodea, el pasivo saca fuerzas de flaqueza y tumba contra el suelo a...

Pausa.
La escena no había avanzado mas allá de Kiku mirando hacia arriba y los demás rodeandoles con las serpientes al cuello. Con un dedo de manicura perfecta, señaló:

-¡Neko-chan! “El pasivo le atrapa, le muerde y forcejea”. El pasivo eres tu, atento.

Un empapado y cansado Kiku cerró los ojos, se apartó el flequillo de la cara y miró a Hinomura.

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Re: Atentando contra el orgullo [Priv.]

Mensaje por Invitado el Dom Sep 04, 2011 3:01 pm

Magnífico, maravilloso, estupendo, todos los allí presentes actuaban como verdaderos trabajadores de Hollywood. ¡De aquí a la gran pantalla! Bueno todos, no, la verdad. La pantera mala leche había dejado caer la cabeza hacia un lado para no tener que comerse tan directamente la desgarradora actuación de Kiku, o sea, que no lo quería mirar que si no potaba la bilis. Que es lo único que se encuentra en su estómago.

Este oía de fondo la eufórica narración del jefecillo, pero atención ninguna le prestaba, ya que según él, sólo debía de permanecer allí acostado, bostezando, saludando a alguna que otra serpiente que le reptaba por encima de su melena y volviendo a bosteza entrecerrándosele los ojos. -¡¡Pero que coño!!- se sobresaltó abriendo los ojos de golpe y porrazo, incorporándose levemente al hincar los codos al suelo y mirando hacia arriba mientras toda aquella agua se deslizaba por su negra melena.

-¡¿Tu eres tonto o estudias para ello?!- berreó furioso mientras su cola, su pelo y su piel se erizaban a causa de lo fría del agua. Como acto reflejo se arrastró lo justo para poder sentarse y pasar uno de sus brazos al rededor de la cintura de Kiku -¿Sabes a qué especie pertenece esta cola?- agarró su propia cola para mostrársela bien al jefe.

-aaaa- alzó una ceja al no entender aquel berrinche - a una pantera-

-Siiiii, inteligente y ¿crees que a los felinos nos hace mucha ilusión mojarnos?- su ojo verde se iluminaba gracias a la ira que lo desbordaba.

-No... ¡ay! no, no,no,no, lo siento ¡Chicas, chicas! Apagad los aspersores, que el minino se nos encoge-
la maldad le salía cuan veneno por la boca.
Se hizo lo que se había ordenado y la horrible pantera se separó de Kiku, no sin antes hacer una mueca de asco al darse cuenta de que lo estaba abrazando, para poder menear de derecha a izquierda toda la parte superior de su cuerpo, produciendo que su melena azabache se abriese cuan abanico salpicando a diestro y siniestro en un radio de dos metros, más o menos.

-Mira que “divo” nos ha salido el gatito- puso una mano en la cadera y suspiro.

-Lo siento ¿eh?- a mala gana se volvió a meter bajo las piernas de Kiku sentado frente a su escultural dorso abdominales, a la vez que en su rostro se dibujaba un ¿puchero? SI un puuuto puchero por haber fastidiado los ensayos -Oye, jefe. Y eso de morderlo, tumbarlo y ese montón de mariconadas ¿lo tengo que hacer de verdad?- entrecerró los ojos frunciendo el entrecejo, con esa cara de asco miró al master desde abajo. - Es que si me acerco mucho a lo mejor se me pega algo-

-¡En todo caso se te pegaría algo bueno! ¡Venga, venga! Empezamos desde: “Entre cuerpos desnudos, mojados y excitados, el pasivo atrapa entre sus garras el rostro y el pelo del activo, con saña, rompiendo el contacto visual de este con el cielo para hundirle los dientes en el cuello. Forcejean, ¡entre gruñidos y jadeos! E ignorando el nido de serpientes y humanos que le rodea, el pasivo saca fuerzas de flaqueza y tumba contra el suelo al activo”-

Dada la orden todos volvieron a sus posiciones, incluyendo esto a las serpientes y fue ahí cuando todo empezó.

Las manos de la pantera trepaban cuan enredaderas por el maltratado abdomen ajeno, mientras el pet se incorporaba lentamente. Aquellas blancas pero malgastadas manos rozaban la piel de Kiku sintiéndola cálida a pesar del agua que la recorría. Hinomura pasó de encontrarse acostado, a estar sentado, a terminar de rodillas. Desde su palpitante pecho hasta su bajo vientre se rozaban levemente con el cuerpo ajeno sintiendo en su pecho los latidos de ambos actores.

El color verduzco de su ojo parecía estar apagándose mientras detectaba todas y cada una de las marcas dibujadas sobre la piel del master. -¿que mierdas habrá estado haciendo este? Por la cara de uva pocha que tiene podrían ser marcas de su pareja... También podría ser que la cara de uva pocha la llevase siempre y estar marcas no tuviesen nada que ver con su carácter- pensaba mientras clavaba su mirada en los negros ojos ajenos dándose cuenta que parecían no poseer profundidad. Como un pozo de alquitrán puro.

Sus manos terminaron por posarse, sobar y arañar el impávido rostro del contrario. Fue en este momento cuando el ceño de la pantera volvió a fruncirse pero esta vez con una sonrisa pintada en los labios. Con esta expresión se acercó a una de las orejas ajenas a la vez que las manos se paseaban por la corta melena negra - ¿Quieres ver como me adiestran? o ¿eres tu quien desea adiestrarme? Veo en tus ojos que me tienes ganas. Acaso, ¿me odias? Si es así, que sepas que es recíproco- susurraba. Apretó entre sus dedos el cabello de Kiku para jalar de este hacia detrás lo suficiente para tener a Kiku de frente y con su cuello al descubierto - También te tengo ganas y la única forma que tengo para sacarte de entre ceja y ceja es solventarlo con un duelo.- su ojo verde volvió a brillar antes de abrir sus feroces fauces e hincarle el diente al cuello ajeno.

Su mordedura fue lo suficientemente fuerte como para borrar la marca de un chupetón de la noche anterior. Mientras clavaba sus dientes su lengua lamía la zona creando un hilo de saliva, a su vez empujó al activo tal y como ordenó el jefe. Sendos cuerpos realizaron un rido sordo al chocar contra el entablado del escenario, salpicando a los actores más cercanos gracias a los pequeños charcos que se acumulaban en el suelo. Ambos cuerpos volvieron a mojarse creando con tanto movimiento un sutil arcoiris.

Hinomura quedó entre las piernas de Kiku y cuando le pareció oportuno cesó su mordida dejando tras su acción un hilo de saliva que unía sus labios y el cuello contrario. Quedo a horcajadas alargando uno de sus brazos para recuperar su katana y enfundársela en el obi, cumo pudo ya que este se encontraba medio desatado.

El jefe aún se encontraba en stand by al igual que la mayoría de los presentes -Estoooo, bien, bien. Ahora los esclavos agarran por los brazos al pasivo principal amarrándolo, coartando su libertad y mermando su moral cuando lo atan a la barra- pues como indicó ambos chicos amarraron a Hino a una de las barras de metal que se erigían sobre el escenario.
El minino se revolvía como alma poseída por el demonio con toda su melena balaceándose y cayendo sobre su mojado rostro quedando varios mechones pegados sobre la piel tanto de la cara como del pecho.

Al final terminó de pie amarrado al poste - El pasivo intenta liberarse, desea con ansia morder al activo para vengarse y poder liberarse de las cadenas y de la tensión sexual que lo une al activo. Ahora las serpientes suben por las piernas del pasivo mientras los esclavos ruegan a su amo que no sea demasiado duro con el pasivo- los bailarines caminan de rodillas al rededor de Kiku en acción suplicante.

A partir de aquí Hino ya no sabía que era espectáculo, que era lo que el jefe se estaba inventando sobre la marcha y que es real.

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Re: Atentando contra el orgullo [Priv.]

Mensaje por Invitado el Mar Sep 06, 2011 12:45 pm

El jefe se estaba desmadrando a pasos gigantes. Cada vez que abría la boca era para seguir narrando un guión que parecía sacado de una mente, o muy hábil de reflejos y talento literario o una muy perversa cuyo único objetivo era ver por los suelos a Kiku y comprobar la resistencia moral de la pantera. De manera analítica, había estado observándolo todo desde su lugar seguro -y seco- de entre las mesas del público.
Por otra parte Tetsuyuki había tenido un momento de reflexión al escuchar y ver como Hinomura seguía entonces las indicaciones al pie de la letra. Su voz había impactado en su oreja como un susurro noble, pero a su vez amenazador y demoníaco. Notaba la espalda fría y todo su cuerpo completamente empapado, mientras que el tirón en su corta y recta melena solo le había hecho soltar un gruñido mientras apretaba los dientes y entornaba los ojos.

Hinomura se le presentaba como un pet irritante e impulsivo. Demasiado orgulloso y chapado a la antigua. Pero interesante. El que estuviese donde estaba al encontrarle y dadas sus reacciones al comentarle solo su carencia de amo le hacía ver como alguien al que sin duda querría adiestrar de una forma mas psicológica que física. Aunque no negaba que todo aquel espectáculo que parecía irseles de las manos estaba resultando muy estimulante.
Mirándolo de reojo y con un gesto de molestia al sentir el mordisco, alzó una de sus manos para apenas posarla en un costado del felino, escuchando poco después los desvaríos gays del jefe y las consecuentes acciones de sus palabras. El master se incorporó del suelo escuchando el tintinear de las esposas contra la barra del final del escenario. Observó como la pantera se revolvía mientras una de sus manos palpaba su cuello, enrojecido por un mordisco que parecía mas una advertencia que una marca de propiedad. Incluso Hinomura parecía poder meterse en su papel de “pasivo”, y el no iba a ser menos siendo el “activo” que le castigaría por su osadía.

Levantándose entre la penumbra y las luces de ultratumba que emergían del techo y parte del decorado, Kiku parecía algún tipo de ente maligno e incuestionable que podría solo asesinar con una seca y amarga mirada. La luz carmesí de un foco en concreto avivaba las marcas que tenía en el cuerpo, producto de una noche que ya, con todo aquello y con un nuevo objetivo en mente, poco le importaba. Miró severamente a los esclavos que suplicaban en silencio y al ritmo de una sugerente música, toqueteandole las piernas e intentando reptar por su cuerpo mientras hacían amagos de frotarse contra él. Mas de uno estaba aprovechando los ensayos para magrear.
De un gesto firme hizo un movimiento con los brazos hacia arriba, y como si hubiese soltado una honda expansiva los esclavos cayeron dramáticamente al suelo, lejos de él. Dando un primer paso muy solemne, Kiku avanzó hacia la barra con la expresión de alguien que se debatía entre la realidad y el ensayo.

-Buena intensidad, ¡buena intensidad! Me gusta esa mirada -el jefe se había levantado y se movía bajo el escenario, observando- Ted... ¡Ted! -miró hacia arriba, donde se asomó un musculoso rubio de gestos afeminados- ¡Las luces amarillas, rápido! Quiero tonos sepia con rojo para esta escena. Cuando te diga cortas y nos dejas a oscuras.

-¡Ok~! -alzó el pulgar y volvió a desaparecer entre el panel de los focos.

-¡Akira! Música apoteósica en 3... 2... ¡1! -indicó. La música francesa y sugerente que sonaba hasta hacía un segundo se transformó en una mas mística en un principio, como si fuese la banda sonora del preludio del desastre. Kiku se detuvo frente a la barra, viendo como las serpientes reptaban por las piernas del felino, se colaban entre su ropa y quedaban suspendidas de su cuello. La música adquirió un tono mas angustioso antes de empezar con el violín: Inquisition Symphony. Un tema apropiado para la situación pero a la vez algo peligroso si aquello se estaba saliendo tan de madre.

-¿Quieres que sea yo el que te adiestre? -le devolvió las preguntas cuando se acercó lo suficiente como para que le escuchase. Levantó la mano y sujetó un lacio y húmedo mechón de pelo, estirándolo hasta que lo dejó caer y pasó a palpar su pecho descubierto. Pasó sobre las pocas serpientes que quedaban en el suelo y se pegó a él, bajando la mano restante hasta pasarla sobre su muslo, subiéndole el kimono y acoplándose a su cuerpo rebelde- Si tantas ganas nos tenemos puede que sea buena idea solucionar nuestras diferencias antes de que estas traspasen la rivalidad y se conviertan en simple odio. Porque no es odio. Aún -casi pareció recitar, rozando con los tibios labios los músculos tensos de su cuello, sacando una caliente lengua para recorrerlo hasta bajar y hacer amagos de mordisquear su nuez.
Giró los ojos, enfrentando los heterocromáticos de Hinomura mientras sus manos se deslizaban con confianza por el resto de su cuerpo, pudiendo apreciar la firmeza de sus cuatros traseros bajo un kimono completamente mojado. Apretándose contra él, dejó que una de las serpientes mas grandes se deslizase por la cara interna de sus muslos para pretender deslizarse por sus bajos.

Ignorando como el jefe daba indicaciones a todo el mundo, Kiku casi le arrancó el kimono para hundirle los dientes en la curva del hombro, devolviendole el que ahora adornaba su cuello. Retuvo su cuerpo para evitar cualquier movimiento violento antes de separarse y estirar los labios en una sonrisa.

-Te daré de plazo hasta que las marcas desaparezcan para ajustar cuentas conmigo, Ronnin -informó, usando la mano que le levantaba la prenda para sujetar y levantar su muslo con firmeza. El jefe chilló, histérico.

-¡Eso es, eso es! El activo se ha dado cuenta de que el pasivo que se le resiste es al único al que quiere tener, y en presencia de todos los demás está dispuesto a hacerlo suyo violentamente para marcarlo de por vida -lanzó brillos por toda la sala, mientras Kiku parecía posicionarse muy seriamente- Entonces, cuando se está a punto de consumar el acto, ¡las luces fuera! -de un chasquido, se quedaron a oscuras- Y lo único que se escucha es el desgarrador gemido del pasivo, quien cae en las garras del malvado y posesivo activo -se limpió la lágrima que amenazaba con estropearle el maquillaje y dio una palmada- ¡O sea, que bueno soy~!

Entre la penumbra y los gritos de entusiasmo de todos los participantes del espectáculo, Kiku se había quedado inmóvil. Soltando la pierna del felino se había contentado, por el momento, con robarle un sugerente y autoritario mordisco en el labio inferior. Algo que podría o no ser considerado un beso.

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Re: Atentando contra el orgullo [Priv.]

Mensaje por Invitado el Vie Sep 23, 2011 7:38 am

-¡Mierda, mierda, mierda!- gritaba su mente cuando a Tetsuyuki le dio por recorrer su cuello con aquella lengua que se sentía tan caliente en contraste con su piel ahora fría gracias a las lúcidas ideas del jefe. Suspiró teniendo un momento de debilidad al sentir la boca ajena en su nuez, pero poco le duró porque tuvo que clavar sus orbes en las de Kiku y no aparentar que aquel momento de lujuria le afecto.

Cuando aquellos negros ojos desaparecieron los de Hinomura hicieron un amago de ponerse en blanco. Su piel es blanca, sensible... virgen. Produciendo que la pantera intentase regular la respiración, que los bellos se le pusieran como escarpias y que, sin querer, algún miembro de su cuerpo tuviese algún espasmo incontrolado. Hasta que llegó el mordisco. Hinomura gruño apretando los puños, la mandíbula y frunciendo el entrecejo dado el dolor. -Cabrón- soltó con otro gruñido mientras sentía como los finos dedos ajenos le acortaban movilidad.

Abrió los ojos como platos al sentir como una de sus piernas era sobada más de lo permitido y subida para que ambos hombres tuviesen una postura lo más indecente posible. Pero su mirada desprendía algo de sorpresa y de admiración por su “activo” ya que Kiku había accedido a tener un duelo honorable con él y a darle un plazo límite para cumplirlo. -Me parece una buena idea. Así nos encontraremos en igualdad de condiciones. Pero ya te digo que por mucho que libre batallas contigo lo que siento hacia ti ya se había convertido en odio hace mucho.- dijo despreciando el comentario anterior y a punto de contestarle algo tremendamente feroz ante ese “ronnin” que le pareció dicho con desprecio, se vio interrumpido por el apagón repentino.

-¿?- su ojo verde se acostumbró rápidamente a la oscuridad y pudo ver con claridad como el activo se excedía dentro de su papel, más bien se le había subido el papel de activo a la cabeza al morderle con inquina el labio inferior, a lo que Hinomura sólo pudo responder con un sonido gutural entrecortado.

Apartó la cara para poder chuparse el labio herido sintiendo el tenue sabor de su acompañante. - Cojones cara-pasa...- no quiso seguir, se estaba excitando y no se lo creía así que intentaba volver a la calma. Volvió a chuparse el labio mientras miraba a Kiku desde abajo y refunfuñaba cosas inentendibles - No te pases, soshite ¡ronnin yanai, samurai da!- le salió en su lengua natal. (nota: lo entiendes ¿verdad?).
En ese momento apareció uno de los bailarines que desposó a la pantera y esta se acomodó sus ropajes como si de una maruja se tratase, fajándose, atándose el pelo en una coleta alta dejando su nuca al descubierto y algunos mechones pegados a su piel, tanto del cuello como del pecho y rostro.

-Niñas, niñas, ya podéis descansad, veinte minutitos que tenemos que prepararlo todo para la noche- ordenaba mientras daba palmas y nalgeaba con amor a algún que otro despistado. El jefe vio como Hinomura emergía desde le penumbra del escenario sobándose el mordisco del cuello, gruñendo y con el ceño fruncido. Por supuesto para salir de entre los brazos de Tetsuyuki tuvo que quitárselo con un pequeño golpe en el estómago.

-Ooooooooohhh, mi pasivo preferido. Me has gustado mucho y si no fuese por lo que es te hacía un contrato-
negó desilusionado con la cabeza.

-Si no fuese ¿por qué?- se sentó al borde del escenario mirando extrañado al jefe.

-Porque eres un pet y los pets no podéis trabajar-
suspiró.

-¿¿¡¡Naniii!!?? ¿Es por esa tontería? Si no se me nota... ¡me cortaré el rabo!- eso no es,,, ¿seppuku? Hino se agarraba la peluda extensión.

-No, no, no porfaplease, si eso es lo que te hace tan exótico y encantador- le intentó acariciar el mentón pero aquella mano fue apartada antes de que lo tocase.

-Te lo agradezco Jefe, pero con que me pagues la cena, voy tirando-
lo dijo con un tono tristón propio de un gato que te encuentras en una caja de cartón en mitad de un callejón oscuro en un día de lluvia.

-¡HINOOOOO!- una voz con un timbre lo suficientemente agudo como para romper un cristal, se escuchó desde uno de los laterales del escenario -¡Ven porfavoooorrr que las serpientes están más sueltas que las gomas de mis calzoncillos!- ante ese último aporte informativo Hinomura se arrugó, más bien le dio grima.

-Voy, voy, voy señoritas- disgustado se acercó al lugar comenzando a recoger a los susodichos reptiles y a introducirlos en una caja. -Hebi-donno...heeebi-donnooooo- llamaba a la serpiente albina cuan animal de compañía, pero esta apareció desde debajo del escenario. -¿Que hacía usted ahí abajo? Venga, se va a casa- el reptil trepó por el brazo de la pantera hasta enroscarse en su cuello a modo de bufanda, tapándole así el mordisco de Kiku.

-¿Donde van?- preguntó al aire con la caja en los brazos.

-Kiku sabe. Es una habitación del segundo piso con decoración inspirada en la selva del amazonas. La que tiene una pared de cristal que conecta con la habitación de al lado. Vete Kiku con él, no valla a ser que se pierda- ordenó el jefe mientras la pantera pasaba de su culo y ya había cogido el camino hacia las escaleras cuando uno de los trabajadores le paro.

-Hino-kun tu sándwich. Cómetelo todo- dijo con cierto tonillo y un movimiento con el dedo índice que desagradó a la pantera.

-¡Por fin! Ponlo sobre la caja- el trabajador puso el sándwich, que ya sea de paso era de jamón, tomate, lechuga, queso, cebolla y mayonesa. A la pantera comenzó a hacerle la boca agua mientras ascendía hacia el segundo piso.

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Re: Atentando contra el orgullo [Priv.]

Mensaje por Invitado el Sáb Oct 08, 2011 11:54 am

Kiku no se había alejado lo suficiente de la pantera, al parecer, pero bastó para no llevarse de pleno aquel golpe dirigido a sus riñones. Le miró mal, frunciendo las cejas antes de enderezarse. Llevaba la ropa echa un cristo, estaba mojado, con ojeras y los párpados, a pesar del agua, se le notaban tan pesados como todo el cuerpo en aquel momento. Admitía que le gustaba participar en aquel tipo de espectáculos sacados de la mente de su amigo -porque si, era un amigo. En cierto sentido de la palabra...-, ya que de alguna manera lograban relajarle y no hacerle pensar en mucho mas. Sin ir mas lejos aquel espectáculo de luces y oscuridad fugaz había logrado que le diese mas sueño, y de no ser porque debía guiar al pet podría irse perfectamente a dormir al cuartito donde en un principio había llegado.

Hinomura parecía en su salsa; sobre todo después de que tuvo asegurada la cena. Sin molestarse en arreglarse la ropa le siguió por las escaleras, haciendo como único gesto el despegarse un poco la camisa de la piel, que inmediatamente volvió a ella como atraída por un imán. Levantó la mano, pudiendo observar, empezando desde abajo, el sutil contoneo de las caderas, la nuca y la parte del cuello enrojecida tapada por el grueso cuerpo de la serpiente, y que se extendía hasta bajo la oreja. Se permitió una sonrisa para sí, pensando en lo que le había respondido, con habitual rudeza, la pantera. Un samurai... en aquellos tiempos era increíble ver a alguien con aquellas creencias, aquella nobleza y códigos tan dignos. Y Kiku, cuyas enseñanzas se inclinaban mucho a aquel lado de historia japonesa, se había ganado la enemistad de uno. De un ronnin, por mucho que el felino dijese. ¿Combate digno? Por supuesto que se lo concedería. De hecho, e inconscientemente, hizo un gesto con las manos repetidas veces, como si estuviese acomodando el puño antes de empuñar una katana imaginaria. Sentir la presión del combate una vez mas...

-A la derecha -le avisó al verle caminar hasta el final del pasillo, desde donde ya podía verse la enorme pared de cristal ambientada desde el primer piso. Era un espectáculo “a distancia” que le confería al local un “algo” salvaje y exótico, a lo que el jefe era fanático. De hecho, numerosos espectáculos que realizaba tenían que ver con el amazonas, la selva y las culturas perdidas. Y lo que se iba inventando por el camino...- ¿Dónde vas? Es aquí -le avisó al dar un par de pasos y dar con la puerta del cuarto, cuyos bajos estaban vallados por un alto y fino trozo de maya dura y entrelazada que le llegó por las rodillas. Era una medida para que no se escapasen los ratoncillos que utilizaban de comida para las serpientes.

Sujetando el pomo, la abrió, e inmediatamente, tal y como recordaba, le llegó el olor a tierra, humedad y prefirió no clasificar algo mas. Se hizo a un lado para que el pet dejase las serpientes, tomándose la cortesía de coger el sándwich en lo que abría la jaula y las dejaba escapar dentro del gran habitáculo. El Master pudo apreciar que habían puesto un tronco nuevo, sobre el cual estaba posada una enorme y gorda serpiente amarilla, la cual al instante se imaginó sensualmente enroscada en el cuerpo de Hinomura. No supo por qué exactamente, pero alternando la mirada entre ella y el inclinado acompañante no pudo pensar en otra cosa.

-¡Muy bien interpretado, Kiku-san~! -uno de los muchachos de dudosa sexualidad pasó por su lado una vez se disponía a regresar al cuartito tras entregar el plato a las libres manos del otro. Venían en tropel, contoneándose, para ir a parar al vestuario que había mucho mas al fondo. Pasaban a su lado, rozando con las manos intencionadamente su pecho desnudo o sus hombros, mientras se escudaban de manera poco sutil en sus “felicitaciones”.

-Moo, la próxima vez no interpretemos, me gustaría tenerte en serio de “activo” -le pasó por un lado otro entre risillas. Costaba creer que alguien seco y de aspecto arisco como lo era Tetsuyuki encajase tan bien con gente de aquel tipo.

-¡Oye, no te lo acapares! -protestó otro, que se le pegó por el lado contrario- Queremos asistir a alguna de sus sesiones algún día, que los que entran en esos jueguecitos que te traes salen con una caras... -pareció estremecerse mientras movía de manera extraña la cadera- ¡Hino-chan, luego nos cuentas como te ha ido! -con la idea de que era un pasivo de verdad...

Los que venían de frente se limitaban a empujar al fondo del pasillo a los otros entre especulaciones y risas. Kiku siguió su camino sin necesidad de hacer mas que mirarles con aquella malicia suya tan frívola, llegando al cuarto donde había dejado atrás la taza vacía de café. Pasó directamente al diminuto baño, donde cogió la toalla del lavabo para secarse el pelo y pasarla a base de toquecillos por su ropa, aunque no sirviese especialmente para secarle demasiado. Suspirando, y con esta colgada del cuello, se dejó caer en el sillón, apoyando los brazos en las rodillas para tallarse los ojos con pesadez. Estaba cansado. Ya no era tan joven para trasnochar.

-¿Dónde se celebrará? -preguntó, echándose hacia atrás. Miró de reojo a Hinomura, como si esperase que al menos se sentase en el sofá a comer- El duelo, digo. Cuando salgas de aquí tomarás un camino distinto al mío, ¿a caso pretendes buscarme, sediento de venganza, por toda la capital para entonces? -su pequeña boca formó una sonrisa sarcástica. Aquello sonaba tanto a película del Bakumatsu...- Aunque supongo que un ronnin no tendrá nada mejor que hacer -volvió a picarle, quitándose la toalla para lanzarsela al hombro del otro, invitándole indirectamente a secarse también.

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Re: Atentando contra el orgullo [Priv.]

Mensaje por Invitado el Dom Oct 23, 2011 3:35 pm

Iba según la voz de Kiku le ordenaba, algo despistado ya que no conocía el lugar, consiguió al fin deshacerse de las serpientes, de todas y cada una de ellas. Aquel terrario le encantó si no fuese por que una de las paredes era de cristal. Pensó que le encantaría vivir allí, en silencio y paz con los reptiles además, si a alguno de aquellas serpientes pensaba en devorarle, podría con ella de un zarpazo, bueno en este caso de un golpe de katana.

También vio a aquella enorme boa la cual parecía haberle levantado una ceja a la pantera la cual respondió con un bufido. Después de esto siguió a su sándwich, quiero decir a Kiku
hasta la puerta de entrada de la otra habitación. La pantera feliz y contenta por tener otra vez un reencuentro con su amor anegado, vale, su cena. Pero su felicidad se vio frustrada por la avalancha de “locas” que iban pasillo a través porque, más por los altos decibelios de las voces de los travestis que por otra cosa, Hino se encontró envuelto o metido, más bien, en medio de la conversación entre dos de ellos la cual narraba algo sobre “sesiones”, “activo” y “jueguecitos” palaras que de inmediato, pusieron la carne de gallina a la pantera.

-Ya te contare ¿el que?... Como no te cuente como me voy a zampar este sándwich, poco es lo que te voy a contar, porque el cara-pasa este no es soso, no… lo siguiente- pensaba extrañado mientras se metía en la habitación con el plato en las manos y mirando hacia su espalda con una ceja alzada.

Dejando el plato con su merienda-cena sobre la barra americana agarró la toalla al vuelo. -¡Te vuelvo a repetir que no me insultes llamándome ronin, maldito bastardo!- pide demasiado. Se escurrió la negra melena y las mangas del yukata en el fregadero. – Pues si dijiste que se debía celebrar antes de que desaparecieran las marcas, tendríamos que hacerlo antes de un par de días. Lo justo para recuperarnos, por que te estas cayendo.- lo miró de reojo con cara de “si, se nota a kilómetros que tienes un cansancio del copón”, o sea, con condescendencia.

-Lo mejor será celebrarlo en el parque donde nos encontramos. A eso de las dos de la mañana, para no asustar a transeúntes inocentes- preocupado el por niños, abuelas y perros en general. Se deshizo del obi para escurrirlo cuan paño y sacudirlo un par de veces. – De esta forma la policía no intervendrá y cendremos todo el parque como campo de batalla- una sucia sonrisa rondó sus labios pensando en la idea de tener ventaja de campo y de ambiente ya que conocía el lugar y su ojo verde era capaz de ver de noche tan claramente como si fuese de día.

Se recolocó el obi aunque seguía calado hasta los huesos y un felino muy cómodo así no está pero el hambre le pudo. Agarrando el plato, no sin antes hacerse con un vaso de agua del grifo, se sentó a la vera del Master y, si te digo la verdad, ese sándwich fue devorado sin compasión ni miramientos en menos de cuatro grandes y ansiosos bocados. Después se bebió el agua. – A ver si así este se está calladito un rato… ¡ACHUTSSSS!!- estornudo monumental que le hizo tener que levantarse a sonarse al baño. –Se me esta helando el culo ¡joder!- se miró, miró a su acompañante y gruño. – Voy a ver si las mozalbetas del final del pasillo me dejan algo de ropa seca- se dio cuenta donde estaban y continuo la frase –Intentaré que no sea nada salido de tono…ni que tenga encajes- ¿en que estaría pensando la pantera?.


Dejando a Kiku entrando en el país de los sueños se diriguió con presteza hacia la habitación donde se confinaban los trabajadores del club. Se estaba haciendo tarde y se estaban preparando para su larga noche de trabajo de cara al público, así que cuando abrió la puerta lo primero que le hizo dar un paso atrás fue el olor, mezcla de perfumes, que le dio de lleno. Se tapo la nariz.

-Hinooooo ¿tu por aquiiii?- uno de ellos lo agarró por la pechera y lo metió en aquel enorme cuarto que más parecían las bambalinas de un teatro de una habitación. Con sus tocadores de grandes y lumino0sos espejos, perchas y armarios sin puertas repletos de trajes multicolores, lentejuelas y plumas, plumas por doquier. Perchas con sombreros extravagantes, de copa, de ala ancha. Maletas con estuches de maquillaje para la cara, para los ojos, labios, pestallas postizas, pelucas de cualquier alto y color… ¡Todo! Todo lo que un travesti o gay loca de la cabeza necesita para estar guapísima, se encontraba allí.

-Pero, pasa, pasa- instaba el gay a que se metiese en aquel Wonderfull world, lo cual consiguió hasta que otro de ellos le puso una boa de plumas alrededor del cuello.

-No, no hace falta. So…solo venía a preguntar si teníais algo de ropa seca para el cara-pasa y para mi- se quitó las plumas de la boca escupiendo.

Parón general, tod@s l@s presentes se miraron con rostros llenos de complicidad pensando, construyendo y montando imaginativamente los millones de “conjuntitos” que podrían ponerle a la pantera la cual, no es tonta y se los olió venir. Sus ojos bicolores escrutaban los rostros sonrientes y sospechosamente divertidos de los presentes mientras algunos de ellos ya estaban agarrando unas licras de leopardo.

Hinomura comenzó a negar con la cabeza, sus ojos se abrían como platos pero su cejas se fruncían – No, no y ¡no! No es nada de lo que estáis pensando. Que os veo venir. ¡Que no!- casi grita al encontrarse al mas grande de ellos cerrándole el paso a la retaguardia.

-Ooooohh pero si eres el pasivo de Kiku. Es normal que para darle más morbo al asunto te haya pedido ropa. Chicas ¿Qué tenemos por hay de cuero negro?- gritó a las del fondo.

-Ya que eres una pantera debes ir como tal ¿no?- se le acercaban con modelitos en las manos como carroñeros a un cadáver.

-¡Que no! ¡Cuantas veces os tengo que decir que estoy aquí de pura casualidad, que no soy el pasivo de nadie y que sólo vengo a por algo de ropa para quitarme el kimono!¡ Que esta empapado!...ACHUUUUSSS!- se produjo un “Salud” generalizado.

-Bueno, bueno no te asustes. Os vamos a dar algo calentito para que no pilléis un resfriado- le tendió un pañuelo con el cual la pantera se sonó sonoramente.

Los allí reunidos terminado dándole un par de abrigos de piel, los cuales eran parte de una actuación pero que era lo más pudoroso que podrías encontrar allí en cuanto a ropa se refiere. Hinomura se los llevó y salió de allí como alma que lleva el diablo.


Entró en la habitación (punto de partida) donde se hallaba el dormiloncete. –Toma. Más que sea póntelo por arriba, no valla a ser que te pongas malo y haya que posponer el duelo un par de semanas- si, si… el duelo. Nótese mi ironía cuando digo esto. Que va a estar él preocupado por el duelo, en cierta parte si, pero al ver a Kiku con las defensas tan bajas el nivel de alerta de Hinomura desaparece casi por completo, hasta pensar que el cara-pasa podría ser buena persona y todo. Si se estaba callado, claro.

Tiró el abrigo hecho con piel de tigre blanco en el reposabrazos del sofá. Un magnífico abrigo peludo completamente blanco a rayas negras, el cual tenía como extra un cinto a modo de rabo de tigre.

Mientras la pantera se iba al baño se quitaba todo lo quitable, excepto el fundoshi y se encasquetaba un hermoso, y peludo a más no poder, abrigo de pelos largos negro azabache que le cubría desde el cuello hasta los tobillos, al igual que el de tigre albino.

La pantera iba encogida de hombros, intentando recuperar el calor perdido, el abrigo totalmente cerrado y su peluda colita asomando por los bajos del abrigo. Parecía que se hubiera convertido en una pantera de verdad. Suspiro y rezongó cansado cuando se dejó caer a la vera de Kiku. – Oye cara-pasa. Te vi muy suelto en el escenario. ¿Haces esto siempre o trabajas aquí? No es que me interese tu vida pero…bueno… me pica la curiosidad- se puso algo colorado mientras miraba hacia otro lado y se rascaba la cara avergonzado. Silencio momentáneo – Y eso de las sesiones ¿Das clase de cómo ser gilipollas a la doceava potencia ¿ o qué?- volvió a mirarlo con burla en los ojos y en los labios.

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Re: Atentando contra el orgullo [Priv.]

Mensaje por Invitado el Mar Nov 01, 2011 3:23 pm

-Así sea -respondió con simpleza a los planes que elucubraba Hinomura para el día de su tan esperado “Duelo entre Hombres”, donde se disputarían el honor y una bandeja de bento impaga. Tetsuyuki tenía la impresión de haberse tropezado con un hombre entre lo interesante y lo pesadamente honrado. A aquellas alturas del día incluso admitía que la pantera llamaba su atención de un modo que quizás su actual mascota no lo hacía. Ni siquiera hablaba de una “amistad” o “complejo de sobreprotección” como el que tenía con el italiano barman; uno de los pocos amigos que tenía. La sensación que le despertaba la pantera estaba entre la rivalidad, la curiosidad y unos códigos que parecían haber resurgido en él después de mucho tiempo y muchos interrogatorios a lo largo de las guerras.

Cuando lo vio salir, dejandole los gérmenes por el camino gracias a sus ruidosos estornudos, Kiku se tomó la libertad de apoyarse en el respaldo y palparse las sienes, soltando un leve suspiro mientras los pesados párpados caían hasta apenas vislumbrar el techo sobre si. “Lo justo para recuperarnos, por que te estas cayendo...” Era una buena forma de describirlo, sin duda. Que lo hubiese notado no le parecía lo extraño; sino que lo expusiese como pretexto para alargar la espera de dicho confrontamiento. ¿Que tan considerado podría ser? ¿Era un viejo cascarrabias o un buenazo que simplemente no sabía como comunicarse? ¿Por que tendría que interesarle a él nada de lo que fuera? Era un gato callejero que cargaba valores tan afilados como su katana, y unos modos hoscos y sin gracia.

“Tengo que vacunarle...” -se vio pensando, mientras Morfeo ya parecía hasta saludarle con la mano a lo lejos- “Y hacerle un buen corte de pelo. Desparasitarlo... y ponerle un collar” -levantó el brazo, tapándose con este los ojos mientras estiraba los labios en una sonrisa irónica, como si se acabase de dar cuenta de lo que estaba planeando. Alguien como él le daría demasiado trabajo, demasiado estrés. Pero darle un latigazo a alguien tan orgulloso sería un espectáculo digno de provocarle una erección.

Le hacía demasiada falta dormir...

[…]

El abrigo que descansó en el sillón, destinado principalmente para él, momentos después le hizo levantar una ceja y mirar la espalda de la pantera, que se alejaba a buscar la intimidad para cambiarse. Cogió una de las gruesas mantas, como comprobando la autenticidad y lo caliente que podría resultar puesto. Para su sorpresa tenía un tacto agradable y aterciopelado, y un olorcillo a colonia de frutas le invadió los pocos sentidos que le quedaban despiertos. Miró de reojo a su espalda, escuchando a Hinomura estornudar desde algún punto, y se levantó, desbotonándose la camisa para acabar quitándosela y dejándola sobre la banqueta, teniendo la esperanza de que se secase para cuando al fin se marchase de aquel club.
Se colocó el abrigo sobre los hombros, y con su porte y expresión pareció, por un momento, el típico tirano hortera que salía en los libros acariciando un gato persa. Aún así se acurrucó bajo la gran mata de pelo blanco a rayas y cogió calor casi de inmediato al sentarse de nuevo en su lugar, jugueteando con aquel rabo que hacía a su vez de cinturón. Su cuerpo dio un salto cuando el de la pantera revotó junto a él, dedicándole unas palabras tan encantadoras como las que le dedicaba él mismo en sus momentos.

-Para no estar interesado preguntas mucho, ¿no crees? -volvió a hacer una amago de sonrisa irónica, mirándole para devolverle, en cierta forma, aquel contacto visual tan burlón. Parecía que se sacasen las uñas y se enseñasen los dientes cada vez que pudiesen-. Ese tipo de sesiones no le harían falta a alguien como tu, pero si te interesan las de verdad puedo hacerte un hueco entre todos los pequeños masoquistas pasivos que tengo para este mes -miró al frente y volvió a acomodarse, cerrando los ojos como si pensase en como explicarle en que consistía ser un “Master”. Lo mas seguro es que le recriminase algo que tuviese que ver con la antigua moral de los militares y miles de peroratas de igual índole.

Abrió los labios, como visualizando una de su sesiones.

-Mi trabajo no consiste en dar un espectáculo tan llamativo. La mayoría de mis clientes prefieren la intimidad de un cuarto oscuro o muy poco iluminado, así como muy dispuesto de todos los “materiales” que se utilizan durante el encargo -resumió-. Aunque hay muchos que quieren ser castigamos mientras la multitud los mira. Hay personas para todo en este mundo, y yo me encargo de encontrarlas y hacer lo que quiera con ellas. Y antes de que digas nada, no me interesa escuchar tu opinión -su voz iba bajando el tono a cada palabra que decía, y había empezado a cabecear. Apoyado en el respaldo, y con los brazos cruzados, buscaba defenderse al menos lo justo antes de que empezase a darle igual lo que la pantera le dijese.

-La moral ya no existe, por mucho que tu... creas en ella -perdió el balance de su cuerpo hacia un lado, haciendo chocar su hombro con el de Hinomura-. Por eso me gustas mas cuando estás callado -dijo, dejándose definitivamente caer contra el cuello de la pantera, estando a un simple movimiento de ocupar su entero regazo. Con las cejas relajadas y los labios entreabiertos, su expresión apacible daba a entender que se había acabado durmiendo.

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Re: Atentando contra el orgullo [Priv.]

Mensaje por Invitado el Lun Nov 14, 2011 3:10 pm

Y se durmió como debía de esperarse. Hinomura lo vio caer a cámara lenta sobre su hombro mientras su rostro se desfiguraba en una mueca de sorpresa indescriptible. Sus ojos desorbitados lo observaban por el rabillo del ojo ya que no podía mover la cabeza porque le daría con el mentón en la frente a Kiku. La pantera después de varios segundos en esa pose, miró hacia delante y suspiró pesadamente. - A mi también me gustas cuando callas- lo dijo sólo porque el moreno estaba durmiendo. Soltó un suspiro melancólico a la vez que alzaba una ceja con bastante resignación en el rostro.

En ese momento no pudo evitar toser levemente lo que produjo que la cabeza de Koryusai cayese en su regazo -¡!- como acto-reflejo se llevó las manos a la cabeza y metió el estómago para adentro. Contuvo la respiración mientras esperaba que no se despertase. Eso no ocurrió y Hino pudo respirar de nuevo. Comenzó a escrutar con sus ojos heterocromáticos el rostro ajeno y para poderle ver bien apartó delicadamente un mechón de pelo negro que se deslizaba delante de los cerrados ojos negros.
Cuando la pantera se vio a si mismo tan tranquilo y “mimando” a un tío con el que se iba a enfrentar en un par de días, se autoinfligió daño dándose un cachetazo. -Me voy. Ese sandwich sólo ha hecho que mi hambre aumente.- alzó levemente la cabeza del moreno, deslizó su cuerpo por el sofá y depositó la cabeza de Kiku sobre este. No quería despertarle.

Ya en el piso de abajo, katana en mano, buscaba la cocina olisqueando el ambiente pero con todo aquel olor a perfume en el ambiente le costaba, así que decidió preguntar. Al llegar a la susodicha cocina se encontró con una habitación con una cocina propia de un piso del centro de la ciudad, con su barra americana, fuegos de inducción, el pollo en mármol blanco, una nevera de dos puertas, horno, microondas, cafetera eléctrica y una máquina expendedora de golosinas.
Justo allí, sentado en una de las altas butacas de la barra americana se encontraba el jefe ojeando unos papeles con una taza enorme de café. -¡Oi!- soltó por la boca como un ladrido. A lo que el jefe reacciono mirándole.
-Hinooooo-chan. ¿No estabas acompañando a Koryusai?-
-Se ha quedado frito-
-Y tu ¿con ganas de más?- el jefe ponía doble sentido a la frase pero a la pantera sólo le salía una gran interrogación de la cabeza mientras arrugaba el entrecejo. El jefe se resignó. -Ven siéntate aquí que tengo que hablar contigo- palmeó la butaca de su lado.
Hinomura se extrañó pero hizo lo que le pedían. - No se si Kiku te ha dicho algo pero este local es conocido por sus espectáculos con temática exótica, con referencias a la selva amazónica, poblados perdidos, los Mayas, Aztecas, Indios, la magia o el Japón feudal. Cosas así- su mano se movía en circulos. -Con esto quiero decir guapetón, que me puedes venir muy bien en algunos de esos espectáculos, con esa melena negra que tienes y ese cuerpo tan bien definido.- meneó los hombros arriba y abajo en un gesto muy gay mientras miraba a Hino el cual se le erizaba hasta las pestañas.

- Vamos... Que me quieres contratar ¿Es eso?- le miraba de reojo.
- Que perspicaz - ironizó.
- Pero si antes me dijiste que no podías- frunció el ceño y arrugo los labios.
- Chico, pero me lo he pensado mejor después de reflexionarlo un poco. Además en vez de pagarte puedo simplemente darte un lugar donde dormir. ¿Que me dices?- apoyó su mentón sobre la palma de la mano a la vez que entornaba los ojos al mirar a la pantera.
- Preferiría que mi pago por trabajar se cobrase en especies, que donde duermo ya me ocupo yo- desvió la mirada algo coartado ante tanta amabilidad.
-Si, si pequeñin yo te alimentare- el jefe pilló con las defensas bajas al minino. Alargó la mano y le rascó debajo de la barbilla. Como pseudo-gato que es Hinomura no pudo evitar entrecerrar los ojos y ronronear, hasta que se dio cuenta y le apartó la mano de un manotazo.
-¡Ni una palabra de esto a nadie!- le señaló inquisitivamente con el dedo mientras su rostro se coloreaba de carmín.
Rio - Esta bien, pero ¿te quedarás con nosotras?- rodó una de tantas hojas esparcidas por la barra americana hasta ponerla delante del ato. Hinomura lo ojeó frunciendo el ceño algo asombrado al ver un contrato de trabajo.
-Aa...etto....mmgrrrr- sonidos guturales arbitrarios mientras se revolvía la melena con las manos. -¿ Me tendré que ocupar de las serpientes?-
-Te puedes quedar a vivir con ellas si quieres- sentenció. la cara del jefe era de pura felicidad al tener algo tan extravagante para él como lo puede ser un pet pantera. Se le estaban ocurriendo millones de cosas que hacer con él.
La pantera miró el papel, el papel le miró, las letras le hacen gestos obscenos para hacerle mención a todos los que tendrá que pasar si firmaba aquel contrato en el que iba implícito que tendría que soportar las insinuaciones y muchas otras cosas que se les pasasen a todos esos travestis por la cabeza. Tembló. No sabía que hacer pero recordó lo de dormir debajo de un puente, comer cuando podía... eso no era vida así que pensó que era mejor trabajar para un señor de la noche y los barrios rojos que no tener donde caerse muerto.
Suspiró y con cierta resignación, firmó.

-¡Bienvenido a esta gran familia!... Neko-chan-
sonrió malévolo.
Se le ensombreció la cara, apretó la mandíbula, se giró hacia el jefe, llenó los pulmones -¡NO EMPEZEMOOOS!- su voz retumbó en las habitaciones del primer piso.


Después de un par de minutos poniendo los puntos sobre las ies, mientras el jefe sonreía y cocinaba, mirando de vez en cuando, como su nuevo trabajador meneaba su peludo rabo por debajo del abrigo. Le puso una cena digna para que el moreno se callase... consiguiéndolo.

(POST CERRADO)

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